Mérida es tierra de árboles que dan sombra, de parques que resguardan historias y de paisajes que han acompañado a generaciones. Construir una ciudad más verde y sostenible no es solo un anhelo, es una prioridad, es un interés gubernamental que se sostiene a partir del diseño de las estrategias del Ayuntamiento orientadas a recuperar, fortalecer e impulsar el medio ambiente en la capital yucateca.
Nuestra ciudad cuenta con una base ambiental que nos llena de orgullo y, al mismo tiempo, nos compromete a actuar con mayor responsabilidad. Mérida dispone de más de 700 parques y áreas verdes, una reserva ecológica de aproximadamente 11 mil 900 hectáreas y una infraestructura verde de 6.2 metros cuadrados por habitante. La cobertura arbórea representa actualmente el 15.2 por ciento del territorio municipal. Gracias a este esfuerzo sostenido, la ciudad ha sido reconocida en tres ocasiones como Ciudad Árbol del Mundo y posicionada como una de las mejores ciudades para vivir a nivel global.
Sin embargo, estos reconocimientos no significan que el desafío está superado. Se reportan datos de que, en los últimos 65 años la temperatura promedio de la ciudad ha aumentado 1.42 grados centígrados y otro que asegura que desde el 2019 creció a 3.5 grados centígrados.
Este aumento responde a diversos factores. Por un lado, el crecimiento urbano ha transformado áreas naturales y superficies permeables en zonas de concreto y asfalto que absorben y retienen el calor, generando el llamado efecto de “isla de calor urbana”. Por otro, influyen condiciones geográficas propias de la región, como la presencia frecuente de sistemas anticiclónicos que reducen la nubosidad y favorecen altas temperaturas, así como el tipo de suelo predominante en la península, que facilita la acumulación de calor en la superficie. A ello se suma el incremento global de gases de efecto invernadero, que intensifica el calentamiento climático.
Las consecuencias son visibles: olas de calor más intensas y prolongadas, mayor consumo de energía eléctrica, presión sobre los recursos hídricos, afectaciones a la salud pública y estrés sobre los ecosistemas urbanos. El cambio climático es una realidad que exige decisión, innovación y unidad.
El crecimiento constante de Mérida es un llamado a evolucionar sin perder nuestra esencia, a proteger el patrimonio paisajístico heredado —árboles emblemáticos, parques tradicionales, reservas ecológicas y avenidas arboladas— y a fortalecerlo con visión de largo plazo. Reducir la temperatura urbana e incrementar la biodiversidad no es solo una meta ambiental; es una acción estratégica de adaptación y justicia intergeneracional.
Por ello, el Ayuntamiento impulsa una agenda verde integral basada en la arborización para ampliar la cobertura arbórea, especialmente en las zonas más urbanizadas; en la revitalización de parques y reservas ecológicas como espacios vivos de encuentro y conservación; y en la implementación de un sistema de registro y seguimiento del arbolado urbano que permita proteger y gestionar responsablemente cada recurso ambiental. Esta estrategia se fortalece mediante alianzas que integren a la sociedad, empresas, academia y organizaciones civiles. Solo con participación corresponsable será posible consolidar una red de corredores verdes —conformada por parques, arbolado urbano, ciclovías, andadores e infraestructura sostenible— que conecte naturaleza y comunidad, desarrollo y equilibrio.
En esta visión de ciudad, el paisajismo no es un elemento decorativo, sino un componente esencial de la infraestructura urbana. Así como las vialidades, los puentes y los edificios sostienen el funcionamiento de la ciudad, el diseño del paisaje contribuye a su equilibrio ambiental y a la calidad de vida de sus habitantes. Integrar vegetación, sombra, captación natural de agua, suelos permeables y criterios de diseño ecológico en cada obra pública permite que la infraestructura no solo conecte puntos en el territorio, sino que también genere bienestar, mitigue el calor, favorezca la biodiversidad y fortalezca la identidad urbana.
Cada árbol sembrado será un acto de esperanza; cada espacio recuperado, una promesa cumplida; y cada paisaje protegido, la certeza de que Mérida seguirá siendo una ciudad viva, resiliente y orgullosamente verde, hoy y para las generaciones que vendrán.





